El  origen de las señales marítimas en la Antigüedad se remonta a los primeros intentos de navegación para explorar nuevas rutas para el comercio, a medida que éste aumentó y se hacía necesario aventurarse a mayores distancias,las marcas existentes se hicieron insuficientes y por eso,  se utilizaron hogueras en puntos de fácil localización nocturna. 

El faro más conocido y famoso de la antigüedad es el Faro de Alejandría que está situado al oeste de la desembocadura del Nilo y frente a la ciudad de Alejandría. Concebido por Ptolomeo Soter alrededor de 290 a. C. Tenía una base cuadrada, unos 180 metros de altura y en lo alto tenía una mezquita, a la que se accedía por una rampa en espiral, en la azotea de la misma se encontraba la luz.

Los faros romanos son torres de diferentes formas, alimentados con fuegos de leña e incluso con lámparas de aceite. Los principales emplazamientos son: España, Italia, Francia, Inglaterra, Grecia y las costas de Asia y el Norte de África. De todos ellos, el más famosos es el de la Torre de Hércules en La Coruña, que a día de hoy sigue en funcionamiento.

La verdadera iluminación costera comienza en la edad moderna, gracias al aumento de las relaciones comerciales y el tráfico naval. Las luces de recalada en los puertos más importantes se quedan insuficientes y ahora también hay que balizar la costa, escollos y bajos más importantes. Se comienzan a utilizar nuevos sistemas de iluminación y aparatos ópticos para reforzar la luz y se empiezan a construir en islotes impracticables y en mar abierto.